FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

Economía Social de Mercado como una visión de sociedad

En el contexto de desorden mundial se caracteriza por quienes han triunfado con argumentos a favor de la especulación financiera, lo que fomenta una visión propia y fragmentada del mundo, sólo sustentada en el interés por la renta.


En efecto, en tiempos de vaguedad y de vacío de contenidos, la verdad ha sido descartada por decreto de los librepensadores y nos presentan ideas de superioridad, con cierto nivel de rectoría. En este contexto la legitimidad de las normas, incluidos los derechos humanos, se relativizan, y el dogma se presenta como defensa de regímenes financieros que son responsables de la inestabilidad económica, que a su vez empujan las crisis políticas, como la subprime de 2009, o la de Europa que ha significado un retroceso en sus convicciones de cooperación e integración.


Al respecto, los fundamentos de la Economía Social de Mercado (ESM) están en asumir la verdad y la dignidad humana como conceptos que entregan la sustancia de los derechos y responsabilidades de las personas a nivel individual, societario e internacional, es decir, nos sitúa en el ámbito antropológico.
En efecto, ESM nos presenta una institucionalidad coordinada y coherente, cuya lógica presenta una alternativa a la desregulación del sistema financiero nacional e internacional. Esta propuesta, cuyo principal exponente es Alemania, ha sido exitosa no sólo para capear las crisis económicas mundiales, sino que entrega una visión más integral a las necesidades de los ciudadanos, puesto que fomenta un Estado regulador de la economía, que  mantiene un equilibrio entre la capitalización de los actores económicos y la producción del país, permitiendo preservar el valor del trabajo. Ello lo consigue a través de los pilares de subsidiaridad, autorresponsabilidad (ética), regulación de las reglas del mercado (papel del Estado) y solidaridad (atender a los más desvalidos o vulnerables directamente desde el Estado- prestaciones sociales, que conforma la acción sobre el principio de justicia social).


El Bien Común y ESEM


La alternativa ESM se transforma en esperanza cuando parte de la sociedad internacional organizada demanda una revisión de las instituciones que conforman la gobernanza mundial, toda vez que aprecia que ella está al servicio de los intereses de multinacionales y grandes inversores (operadores), los cuales se han beneficiado del marco (des) regulatorio global. Ello incluso a costa del equilibrio medioambiental que hoy exige una revisión acerca de la sobre explotación de los recursos naturales. Al respecto, el concepto de bien común, como nos enseñara Jacques Maritain en su obra “El Hombre y El Estado”, en el que el TODO es más que la suma de las partes, contesta al actual desorden económico mundial y a las visiones paradigmáticas predominantes que se han levantado durante la modernidad, las que han tendido a deshumanizar las relaciones políticas y económicas.(las han mercantilizado, básicamente en la disociación entre el trabajo productivo y el sistema financiero).


El derecho al desarrollo de los pueblos conlleva la implementación de normas que permitan, en la práctica, impulsar directrices emanadas desde un nuevo trato entre los hombres, y de estos con su entorno. Ello significa la protección inherente que tiene cada uno a la defensa de sus derechos y las obligaciones de sus deberes – responsabilidades - políticos y civiles, en concomitancia con los derechos económicos, sociales y culturales, con el fin de la construcción de comunidad (sentido de pertenencia a través del afecto).


Pensamiento y acción debieran ir en consonancia con las transformaciones que permitan la viabilidad de la aplicación de las normas emergentes medioambientales, económicas a escala humana y social (derechos de segunda generación). Esto debiera tener como resultado un cambio en los hábitos de consumo y de relación interpersonal, proyectado en instituciones gubernamentales e interestatales.
Por lo señalado ESEM nos invita a replantearnos, ¿qué papel tienen las personas en el sistema productivo y financiero mundial actual?. Dar respuesta a esta interrogante conlleva un sentido de justicia respecto al orden económico que proponemos (ESM).


En definitiva, la invitación es a cuestionar la inexistencia de solidaridad en el sistema político – económico, que resta sentido a la comunidad política. Filosofar y dar sentido a la política tras un proceso reflexivo parece extremadamente complejo, principalmente porque estamos inserto en una cultura que está impregnada de una desconfianza respecto a las posibilidades del intelecto de descubrir la verdad. De ese modo, la supremacía actual es el relativismo escéptico, visión que atenta contra la concepción de persona  y su dignidad humana, cuestión fundamental para comprender las dificultades de comprensión y aceptación de la ESM. No obstante, esta visión de sociedad se presenta como una alternativa que podría ordenar el sistema económico hacia el bien común, centrando la discusión a escala humana, revitalizando a la economía como una disciplina al servicio de las personas, y no de la renta como fin último.

 


Jaime Abedrapo
Doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales del Instituto Universitario Ortega y Gasset.