FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

Se buscan humanistas con un sentido trascendente de la vida

La política de hoy es sinónimo de códigos y lenguaje de crispación, en un marco de electores que sospechan de todo y todos, en momentos en que las instituciones parecieran no salvaguardar los derechos de las personas. ¿La salida o superación a esta situación está en dirigentes que expresen “ideas razonables” ?, ¿pragmáticas? o ¿más bien en humanistas que busquen la trascendencia?

La respuesta a estas interrogantes no estaría en buenos administradores del sistema, o personas pragmáticas que sólo velen por la eficacia o eficiencia de las políticas públicas. Ellos representan una mayor agonía del sistema de relaciones espurias al cual asistimos. En efecto, la respuesta está en revitalizar las ideas y fundamentos de la esencia de la política del encuentro en comunidad. Es decir, personas que actúen en comunión y sentido político hacia lo demás.

Durante los procesos históricos podemos observar que luego de toda crisis nacen o resurgen liderazgos de carácter humanista, cuyas características principales son valorar primeramente al ser humano y su condición. Es decir, personas que se relacionan desde la generosidad, la compasión y la valoración de las relaciones humanas, las que se conciben como un fin social y no un medio de producción, inversión y consumo.

La filosofía de corte humanista ofrece formas de pensar y reflexionar acerca de las artes, las ciencias y la Política que dan sentido a nuestras vidas. Ello permite una respuesta a una sociedad en que las decisiones tienden a vincularse con los intereses de quienes buscan concentrar más poder y riqueza, en un contexto paradigmático imbuido en lo tecnológico y económico como lo advierte Gastón Soublette.

Por ello, la filosofía de corte humanista nos permite brindar respuestas a las inquietudes espirituales de los seres humanos y un espacio para ver más allá del conflicto de intereses y meditar acerca de la propia naturaleza humana agredida e irrespetada por nuestro estilo de vida y las estrategias de desarrollo que hemos concebido.

Posiblemente los propios fundadores del libre mercado quedarían atónitos con el papel que se le ha asignado a la economía, ya que ha deshumanizado nuestras relaciones en sociedad en favor de la concentración de la riqueza doméstica y mundial, situación que además ha empujado el desequilibrio del ecosistema planetario. Al respecto, no hemos podido responder adecuadamente a ello producto de la trama de intereses individuales creados desde la perspectiva utilitarista y materialista.

Los humanistas que buscamos tal vez están más cerca de lo que creemos. Debemos reconocerlos por una actitud generosa en lo humano y un testimonio de vida consistente y creíble, que a través del sacrificio y la alegría de servir que otorga la mirada trascendente, nos renueve la confianza en nuestra condición humana.

Tal vez no tenemos la reencarnación de Sócrates, San Francisco o Mounier entre nosotros, pero sí sus ideas. Además, no es una cuestión de grandes filósofos o santos, que por importante que sean, lo sustantivo que se requiere son humanistas cuyo pensamiento y acción sea motivado por y para los demás.  En definitiva, hombres y mujeres que inspiren una regeneración del tejido social y nos presenten un camino honesto y con la mirada trascendente puesta desde el NOSOTROS, por medio del respeto y el amor al prójimo.

 


Dr. Jaime Abedrapo
Director de Investigaciones de la Escuela de Gobierno de USS