FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

La misericordia del Papa y los conflictos en un mundo que se deshumaniza

El Papa nos ha propuesto una comprensión trascendente de las relaciones entre los pueblos, una que nos sitúa desde la acción Divina en la humanidad presente en todo tiempo y que va develando a la Misericordia como la acción permanente y sostenida durante la historia.

Al respecto, para las escuelas convencionales de las relaciones internacionales esta forma de entender la acción humana sin la lógica amigo–enemigo sería contraria a la naturaleza política de las sociedades, por tanto, encasillada en el idealismo porque se desconecta de la realidad y no reconoce los hechos tal cual son. ¿Qué espacio tendría la misericordia entre los intereses de Estados? ¿Podríamos por un momento pensar que los mandatarios podrían velar por la integridad de la persona humana, sin importar si es un connacional o no, incluso cediendo en sus intereses más “estratégicos”?

¡Para muchos la respuesta evidente es un NO! Entonces, ¿cómo comprender la postura del líder de la Iglesia Católica que nos invita a un análisis diferente de las realidades de poder y acción en la política internacional?

Hoy, muchos elementos parecieran no darle la razón, en especial cuando observamos debilitados nuestros compromisos con las personas y con los pueblos. Ejemplos de ello abundan: la fragilidad en que se encuentra el sistema de Naciones Unidas y el cada vez más cuestionado acatamiento al derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, cuestión que se hace carne en la orfandad en la que se encuentran los refugiados en la escena actual; por otro lado, se exhibe un retorno a la anarquía como patrón de conductas de potencias centrales. En efecto, las guerras o conflictos bélicos nuevamente están en el epicentro del análisis internacional; el terrorismo se ha disfrazado de religiosidad, exhibiendo a la matanza de población civil como trofeos de guerra. En definitiva, un mundo más inseguro y menos dispuesto a proteger y cautelar al prójimo.

A pesar de ello, Bergoglio nos llama a asumir un compromiso con la defensa con la vida, con la humanidad, con especial compromiso por lo que sufren miseria, humillación y opresión. Ver en el que sufre el motivo por el cual movilizarnos, siendo testigos del eco de millones de voces en favor de la vida, del alto al fuego como actitud de compromiso por el otro. La misericordia así se nos revela, nos demuestra como el torrente de conciencia de multitudes se escandaliza por el que sufre y llora. Son múltiples las expresiones de solidaridad a favor de los refugiados, son cada vez más los activistas y pro hombres que exigen el fin del dolor, opresión y de las nuevas formas de colonización. Esa conciencia, ese sentido de bien por el otro es la esperanza que se cristaliza en la misericordia.

Es muy posible que los realistas sigan teniendo gran influencia sobre el análisis de la política internacional, ya que no se equivocan cuando plantean que el conflicto bélico/cruento estará presente en nuestra historia y en el futuro de la humanidad, sin embargo “ver” al que sufre en su condición humana, renovar nuestro compromiso con la vida e intentar una y otra vez humanizar la sociedad internacional no es sólo un mandato para los cristianos, sino que uno para todos quienes crean que el nosotros somos todos y que no existe fin superior que el respeto a nuestra dignidad humana, lo que conseguimos al sentirnos como hermanos.

 


Jaime Abedrapo
Doctor en Derecho Internacional Pblico y Relaciones Internacionales.