FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

Ni ruptura, ni continuidad, sino fidelidad al Evangelio

La reciente promulgación de la segunda exhortación papal Amoris laetitia, (esperada con mucha expectativa), seguramente habrá decepcionado a aquellos sectores “más progresistas” de la Iglesia Católica que esperaban un documento “revolucionario” acerca de la familia y el matrimonio. Del mismo modo, debe haber causado cierto escozor en aquellos sectores “ultra” conservadores, que ven con preocupación como Francisco deja la puerta entreabierta para que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar.

¿Ruptura o la continuidad? A nuestro juicio la exhortación es una perfecta muestra de pluralidad pastoral  inserta en una unidad doctrinal. Francisco recuerda la doctrina tradicional sobre el matrimonio y la familia, pero a la vez realiza una autocrítica, aludiendo a algunas falencias en la comunicación del mensaje cristiano. Recuerda los aportes de la tan vapuleada Humanae vitae y cita a autores tan tradicionales como Tomás de Aquino. Del mismo modo y fiel a su estilo también cita a autores como Borges o Benedetti.

El Papa no altera la doctrina tradicional cuando afirma que los divorciados vueltos a casar “no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros activos de la Iglesia”, agregando que “ya no es posible decir que todos los que se encuentran en una situación así llamada irregular viven en pecado mortal”. Pero esta afirmación tampoco puede ser interpretada como un “chipe libre”. Apelando a la conciencia y a un detenido y riguroso discernimiento, expresa que el sacerdote debe analizar caso a caso.

En relación al no menos discutido tema de las uniones homosexuales, Francisco recuerda que “de ninguna manera la Iglesia debe renunciar al ideal pleno del matrimonio cristiano (…) que se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer”. Difícilmente Francisco podría haber dicho otra cosa. Al mismo tiempo que recuerda el valor del matrimonio, expresa el respeto que la Iglesia, madre y maestra (Juan XXIII)  profesa a todos sus hijos, sin exclusión.

Si se me permite la expresión, el hilo conductor de la exhortación sería: “no a la novedad, pero si de un modo nuevo” (non  nova, sed noviter).  Francisco recuerda la doctrina de la Iglesia, cuando reafirma, por ejemplo, que las uniones homosexuales “contradicen radicalmente” el ideal de matrimonio, pero a la vez en cierta medida  “amplía” o profundiza la doctrina, cuando afirma que los divorciados vueltos a casar realizan este ideal  “al menos de forma parcial y análoga”, o cuando pone el acento en el acompañamiento y la comprensión, especialmente en este año de la misericordia.

A nuestro juicio esta Amoris laetitia es una buena noticia,  no solo para la Iglesia o los católicos, sino para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.


Eugenio Yaez
Asesor ALC
Profesor Universidad San Sebastin