FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

No basta con la fe del carbonero

Al inicio de su encíclica Fides et Ratio Juan Pablo II expresaba que “la fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.  Con ello nos quiere decir que el católico al intervenir en la vida pública y en los grandes debates nacionales, debe hacerlo argumentando desde de la razón iluminada por la fe, o sea, puede entregar buenos y rigurosos argumentos racionales, por ejemplo, para defender la vida del más débil, inocente e indefenso de todos los seres humanos.

En coherencia con este principio la Iglesia Católica ha venido desarrollando sistemáticamente un magisterio “social”, que suele llamarse Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Ella puede aportar al debate, sin que ello implique “atentar” contra la “razón pública”, o alterar la legítima autonomía del orden temporal. Nadie con un mínimo de conocimiento histórico y honestidad intelectual podría negar los aportes a la conformación de la sociedad hecha por el cristianismo en el ámbito político. Es más, la Iglesia llama a sus fieles a participar activa y honestamente en la vida política, y con mayor razón si ésta atraviesa por una crisis. No hacerlo por considerar que la política es algo “sucio”, sería fariseísmo. Un ejemplo a seguir sería el de Tomás Moro.

Argumentos como los esgrimidos por los diputados Hasbún y García Ruminot o las razones dadas por algunos diputados demócrata cristianos para apoyar el proyecto de despenalización del aborto nos indican que lamentablemente los llamados humanistas cristianos estamos “al debe” en materia de formación doctrinal y/o formación de la conciencia. Benedicto XVI recordaba que ante la grave amenaza del aborto los católicos tienen “el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella” (Nota doctrinal sobre alguna cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública, 2002).  Y más precisamente quienes están comprometidos “directamente en la acción legislativa tienen la ‘precisa obligación de oponerse’ a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno le está permitido apoyarlas con el propio voto” (ídem).  Decidir en conciencia, significa decidir según la recta conciencia. Es lo que les pide a los diputados demócratas cristianos Claudio Arriagada, Aldo Cornejo, Fuad Chahín, Roberto León, Sergio Ojeda, Ricardo Rincón, René Saffirio, Gabriel Silber, Víctor Torres y Patricio Vallespín.

Al tenor de lo expuesto, se nos plantea un triple desafío: a) conocer la DSI, b) ser coherente con los principios de la DSI y c) Pensar los problemas y ofrecer soluciones (políticas, sociales, económicas) a la luz de la DSI, como lo ha hecho valientemente Soledad Alvear. Quien ha recogido este desafío es la “Academia de Líderes Católicos” (que no solo admite católicos), la cual desde su creación en el año 2006  ha formado a más de  5000 jóvenes de diferentes ciudades del país,  todos ellos deseosos de aportar al bien común del país. Católicos bien formados, no solo es bueno para los católicos, sino también para el país.


Prof Eugenio Yaez
Doctor en Filosofa
Universidad de Osnabrck, Alemania.